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Mercedes Uranga
Colonias de vacaciones: más de 18.000 chicos de las villas disfrutan del verano
En 90 escuelas primarias y secundarias de la ciudad, funcionan talleres que buscan incentivar a estudiantes de barrios con fuertes problemáticas sociales
En el patio de la Escuela de Educación Media N°2, en la Villa 15, suenan los tambores, mientras los chicos de Ciudad Oculta bailan murga. La escena se replica en unos 90 colegios primarios y secundarios de la ciudad donde funciona el programa de Escuela Abierta, que impulsa el gobierno porteño, y del que participan 18.200 estudiantes de entre 4 y 18 años.

En la colonia de vacaciones que funciona en esa escuela, ubicada en el límite entre Villa Lugano y Mataderos, los adolescentes son mayoría. "Como casi todos son grandes, sus padres no los obligan a venir. Vienen solos", admite Ricardo Benítez, uno de los responsables del programa. De los 153 chicos que asistieron hoy, 17 son alumnas que tienen hijos y que forman parte del proyecto Arcoíris, un espacio que surgió el año pasado en la escuela y que funciona como una guardería. "Es para que las chicas no pierdan la escolaridad y los nenes no pierdan la lactancia", explica una de las docentes.

"El concepto de «Escuela abierta» se tomó de Brasil, Ecuador y Colombia - comenta la ministra de Educación del gobierno de la Ciudad, Soledad Acuña-. También la forma de trabajar con la inclusión, porque ya que esto dependía de nuestro Ministerio quisimos sí o sí aportar un contenido educativo".

Según la funcionaria, la conexión entre las familias y la escuela es fundamental: "No solo en la colonia, sino también durante el año. La idea es tener las puertas abiertas para la familia, para que vean lo que hacemos, que se involucren con las actividades y tareas de los chicos. Porque si fuera de la escuela están más tiempo que adentro, es imposible realizar un proceso educativo satisfactorio cuando el contexto no acompaña", concluye.

El equipo que está en los colegios se encuentra con diversas problemáticas, sobre todo vinculadas a la violencia, el consumo de drogas y la deserción escolar. "Llegan las vacaciones y en el verano vemos que algunos chicos están «desescolarizados», ahí hacemos un informe para volver a reinsertarlos. Hay muchos repitentes y otros abandonan en la última etapa del año", señala Benítez. Y agrega: "Hemos tenido casos de chicos que llegan drogados a la colonia u otros casos que nos enteramos que se fueron de la casa y están viviendo en la calle y llegan a la colonia porque un amigo les pasó el dato. Como seguimos todos esos casos, en general tenemos buenos resultados".
Entre talleres
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La Escuela N°2 es laberíntica. Entre los pasillos, atestados de carteles y dibujos, los chicos aparecen en grupos. En cada puerta que se abre asoma un nuevo taller: radio-teatro, percusión, circo, tela y creación son algunos de ellos. "Dividimos a los chicos en equipos de colores, en el equipo verde están los alumnos históricos, los más grandes; para estar ahí se necesita trayectoria", dice Larissa Barreto, responsable de sede, y una de las tantas vecinas de Ciudad Oculta (ver aparte).

Jennifer es de Piedra Buena, tiene 18 años y empezó a ir a esa colonia cuando se puso de novia con Manuel, hace dos años. "Como este año no nos fuimos de vacaciones con mi familia, vengo a la colonia porque sino en mi casa me aburro", dice la adolescente. En otra mesa, Claudia Flores, de 12 años, y Érica, de 11, comen unas milanesas de pollo con puré de calabaza. Érica va a buscar a Evelyn,su hermana mayor, que, ahora, está sentada junto a Mariana, Rodrigo y Brisa, todos de 16 años y vecinos de Ciudad Oculta. Hace cuatro años que disfrutan de la colonia.

Las colonias, que se extienden sólo durante este mes, funcionan por la mañana y la tarde. Allí, los chicos reciben dos comidas diarias. Además, cuatro veces por semana llevan a los estudiantes al Parque de la Ciudad para tirarse por toboganes o la tirolesa, hacer kayak y practicar tenis, entre otras actividades.
Enseñar en la adversidad

En el barrio Ramón Carrillo, de Villa Soldati, se encuentra la escuela primaria N°19, una de las que mayores problemas sociales afronta. "Es una de las más difíciles durante el año por su alto índice de vulnerabilidad", explica Benítez. "Nunca entramos solos hasta acá. Nos traen en combis o venimos todos juntos en el auto de algún compañero", dice la docente Paula Bogarín.

Luego va hasta una de las aulas, donde los estudiantes se disponen a cantar el tema que representa a Los tiburones, uno de los equipos de la colonia. "Tengo todo lo que quiero, profe, pile y amigos", entonan al ritmo de la canción de cumbia "Mueve el toto", de El Apache Ness. En esta escuela primaria los chicos de 11 a 13 años armaron una biblioteca destinada a la lectura durante los fines de semana.

"A veces te sorprenden, los dejas solos y pueden crear sin límites", agrega Benítez al comentar con Yanina González -responsable de sede- que la semana pasada hicieron muñecos enormes con tapitas.

Tres cartoneros acalorados arrastran un enorme carro al pasar por la puerta de la Escuela N°23, a sólo tres cuadras de la villa 1.11.14 en el Bajo Flores. Banderines que combinan con aulas coloridas y carteles que dan la bienvenida indican que hasta allí también llega el programa.

Dos equipos de chicos en traje de baño compiten entre sí para ver quién llena más rápido un balde de agua con una botella de plástico. "¡Ganamos!", grita uno y, acto seguido, se tira el balde de agua en la cabeza. Al rayo del sol el calor se hace inaguantable.

"1, 2, 3.¡Foto!", les dice una de las docentes a dos alumnos que, en medio de una ronda, intentan representar la palabra ternura en el taller de luz, donde en total oscuridad -y solamente iluminados por puntitos verdes de láser- los chicos hacen de las suyas, mientras disfrutan del verano.
 Fuente: La Nación (Buenos Aires - Argentina), 18 de Enero de 16 
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